Por qué las tierras rurales están entrando en una nueva era
Durante muchos años, gran parte del mercado rural argentino vivió bajo una lógica repetida casi automáticamente: “los campos están caros”, “el productor no puede pagar más”, “los valores ya tocaron techo”.
Sin embargo, la realidad que hoy se observa en gran parte del país parece indicar exactamente lo contrario.
Después de más de 35 años recorriendo establecimientos rurales, negociando operaciones, analizando zonas productivas y viendo la evolución del mercado desde adentro, considero que el campo argentino está atravesando un cambio estructural profundo que muchos todavía no logran dimensionar.
Y probablemente el dato más importante sea este:
La tierra rural buena, productiva y estratégicamente ubicada empieza lentamente a escasear.
EL VERDADERO CAMBIO DEL MERCADO
Durante décadas, Argentina fue uno de los países con la tierra productiva más barata del mundo en relación con su potencial.
Mientras en otros países agrícolas los valores por hectárea crecían sostenidamente, aquí gran parte del mercado quedó retrasado por crisis económicas, inestabilidad política, inflación, restricciones y falta de crédito.
Pero el valor real de un campo no depende solamente del contexto económico de un momento.
Depende de algo mucho más profundo:
- capacidad productiva,
- agua,
- ubicación,
- logística,
- estabilidad climática,
- genética incorporada,
- cercanía a puertos,
- infraestructura,
- potencial futuro,
- y seguridad jurídica relativa frente a otros mercados emergentes.
Y en muchos de esos aspectos, Argentina continúa siendo extraordinariamente competitiva.
EL PRODUCTOR YA NO COMPRA SOLO RENTABILIDAD
Uno de los errores más comunes al analizar el valor de la tierra es medir únicamente la renta anual.
El verdadero inversor rural entiende otra cosa: la tierra también es capitalización, refugio y revalorización patrimonial.
Muchos de los mejores campos de Argentina multiplicaron su valor en dólares a lo largo de los últimos 30 años, incluso atravesando enormes crisis económicas.
Y eso ocurrió porque la tierra productiva de calidad tiene una característica que cada vez pesa más en el mundo: es limitada.
No se fabrica más tierra.
EL NUEVO MAPA PRODUCTIVO ARGENTINO
Zonas históricamente consideradas marginales hoy muestran mejoras climáticas, mayor estabilidad productiva y una transformación tecnológica enorme.
La incorporación de genética bovina, nuevas tecnologías agrícolas, manejo de aguas, mejores pasturas, infraestructura y logística está cambiando la ecuación de muchas regiones del país.
Al mismo tiempo, corredores estratégicos vinculados a puertos, energía, rutas y polos de desarrollo como Vaca Muerta, Bahía Blanca y distintos nodos agroindustriales comienzan a influir directamente sobre el valor de la tierra.
El mercado rural del futuro probablemente no se explique solamente por los rindes agrícolas tradicionales.
Se explicará también por ubicación estratégica, acceso al agua, conectividad, logística y capacidad de adaptación productiva.
LA GANADERÍA VUELVE A GANAR PROTAGONISMO
Durante años, gran parte del mercado se enfocó casi exclusivamente en la agricultura.
Hoy comienza a observarse nuevamente un fuerte interés por los campos mixtos y ganaderos.
¿Por qué?
Porque la ganadería vuelve a mostrar fortaleza patrimonial, estabilidad relativa y enormes posibilidades de agregado de valor.
Además, muchas zonas ganaderas argentinas continúan teniendo valores extremadamente competitivos frente a su capacidad real de producción.
En numerosas áreas del país, el costo por hectárea todavía no refleja completamente:
- la mejora genética lograda,
- la evolución tecnológica,
- la infraestructura incorporada,
- ni el potencial productivo futuro.
EL PROBLEMA NO SERÁ EL PRECIO.
SERÁ CONSEGUIR BUENOS CAMPOS.
Hoy todavía existen oportunidades.
Pero el mercado empieza lentamente a mostrar una característica que hace años no se veía con tanta claridad: cada vez hay menos oferta verdaderamente buena disponible.
Muchos propietarios ya no quieren desprenderse de establecimientos sólidos. Otros directamente vuelven a invertir en tierra. Y numerosos inversores comienzan nuevamente a mirar al campo argentino como reserva de valor de largo plazo.
Por eso, quizás el gran error actual sea seguir analizando el mercado rural con mentalidad del pasado.
El campo argentino está entrando en otra etapa.
Y probablemente, dentro de algunos años, muchos comprendan que aquellas tierras que parecían caras, en realidad todavía estaban baratas.
Osvaldo Antonio Botta